¡Una Máquina de Bailar en el patio de recreo!

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Foto Marta Aschenbecher.

Es mitad del mes de junio, son las 10:30 de la mañana y en el patio de recreo del CEIP Santo Domingo reina una agitación inusual. Los niños y niñas de Infantil dan vueltas alrededor de un artilugio de madera con rayas blancas situado en un ángulo del patio. Es la Máquina de Bailar de Trayectos. Otras líneas gruesas surcan desde la tarde anterior el suelo del patio. Las profesoras de Infantil y otros adultos miran atentos todo lo que ocurre. Alguien toma notas desde un rincón para después poder redactar esta crónica.

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Foto Marta Aschenbecher.

Berta, la responsable del PIEE en el colegio, cuenta que está muy contenta porque todo el mundo se ha implicado en el proyecto, que a todo el mundo le está gustando mucho.

La música surge de la Máquina y algunos niños bailan o siguen las líneas pintadas en el suelo. Otros se asoman por los óculos de colores de la Máquina, por delante y por detrás, y aguardan pacientes a que les llegue el turno para poder hacerlo. Junto al artefacto hay siempre algún adulto atento a que nadie se haga daño.

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Foto Marta Aschenbecher.

Un grupo de niñas se colocan delante de la Máquina, hacia donde enfocan sus visores, y comienzan a bailar, a mostrarse bailando. Varios niños atraviesan corriendo toda la cancha haciendo carreras. Unos pocos bailan en un lateral del patio dando vueltas en el suelo al estilo break dance. No les importa nada que nadie les esté mirando.

Hace mucho sol y los adultos buscan los laterales con sombra. Hablan en corro. Ya nadie recorre las líneas del suelo. A las 11 se retiran todos los niños de Infantil, la Máquina continúa sonando y va entrando al patio todo el alumnado de Primaria. Muchos se van arremolinando en torno a la Máquina. Otros se dedican a darle patadas a una pelota, los más pequeños frente a la portería bañada por el sol, los más mayores junto a la que cuenta con un poco de sombra.

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Foto Marta Aschenbecher.

Una niñas caminan siguiendo las líneas del suelo. Después lo hacen algunos niños. Una maestra avanza por ellas con los brazos en alto y le siguen algunas niñas mayores.

Un grupo de chicas bailan en el interior del porche. Al fondo, un tercer grupo de chicos juega su propio partido de fútbol.

En torno a la Máquina se agolpan numerosos niños, más bien pequeños, y alguno se pone pie sobre el banco que forma parte del dispositivo. Los visores de colores no dejan de tener niños que pegan a ellos su mirada. Alguno de estos óculos pierde su celofán de color y se convierte en un pequeño túnel con el que jugar pasando la mano a través de él.

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Foto Marta Aschenbecher.

La música atraviesa el espacio del patio mezclándose con el sonido de las conversaciones, los gritos y el estruendo de los balonazos contra la pared.

Hacia las 11:15 niños y niñas pequeñas continúan recorriendo las líneas pintadas en el patio, saltando y corriendo. Dos niñas juegan a la comba. La mayor parte de la cancha vuelve a estar ocupada por niños que juegan al fútbol y por algunos pequeños que surcan la pista corriendo rápidamente. Al ritmo de una canción de Shakira varias niñas y alguna adulta cantan y dan palmas. Acabará la sesión de la Máquina de Bailar en el patio y nadie habrá visto bailar a un hombre adulto.

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Foto Marta Aschenbecher.

Cinco minutos antes de que finalice el recreo Lucía y una profesora comienzan a recorrer bailando las líneas del suelo. Les siguen una docena de niñas. Una caja de plástico atraviesa el espacio volando. Tiene que ver con un conflicto entre dos niños y hace que se deshaga el cortejo que seguía a Lucía. Un niño mayor lidera una pequeña comitiva de cuatro niños pequeños por las líneas pintadas. Se acercan a beber agua a la fuente y continúan su recorrido tras la consigna del mayor: “¡Detrás mío!”.

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Foto Marta Aschenbecher.

A las 11:30 suena el timbre. A los cinco minutos no queda un solo alumno en el patio. La música deja de sonar. Las personas adultas que han quedado se agrupan y comparten impresiones.

A Berta le llama la atención la vergüenza que les daba bailar a los chavales, y que haya habido muchas menos peleas y conflictos que las habituales.

Lucía señala que la expectación que provocaba la propia Máquina mantenía a muchos pegados a ella, y que algunos querían salir a bailar en grupo. Le resulta muy llamativo el contraste entre la disposición a bailar que encontró en las sesiones que hizo en las aulas frente a lo poco que lo han hecho en el recreo. Bailar es exponerse, dice, y los previos influyen en el durante y en el después.

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Foto Marta Aschenbecher.

Nati piensa si dentro de unos años alguno de los niños recordará “un día en mi colegio pasó que…”, si esta pequeña vivencia permanecerá como recuerdo significativo en alguno de los chavales.

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Foto Marta Aschenbecher.

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