La Máquina que podía haber sido (y no fue)

Como el saltimbanqui que camina apoyado sobre las manos, vamos a comenzar (casi) el relato de La Máquina de Bailar por el final. O mejor, por gran parte de lo que no fue al final. Porque nos ha dado un poco de pena pero muchas de las cosas que imaginamos al principio que podía ser la Máquina se fueron quedando en el tintero de las actas de nuestras reuniones y de los apuntes personales de cada cual. ¿Cómo hubiera sido la Máquina si no hubiéramos descartado algunas de estas propuestas? Pues diferente, seguro, pero como ya dijimos que nos importaba más el proceso que el resultado…

Una de las cosas que más pena nos ha dado fue no haber podido aprovechar la oportunidad de ofrecer a los propios niños del colegio que imaginaran e inventaran sus propias “máquinas de bailar” de las que podíamos haber sacado muy buenas ideas para ponerlas en marcha en la que finalmente se fabricó. También pensamos en construir o pintar la máquina con los niños.

De todo ello, apenas llegamos a preguntar a algunos niños cercanos a nosotros sobre lo que les sugería esa idea loca de una máquina de bailar y obtuvimos algún resultado como el que anotamos en una sencilla hoja cuadriculada.

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De la máquina podían haber salido (según llegamos a elucubrar) muchas y diferentes cosas como unas cintas, una carpa, un balancín, imágenes, luces, mensajes recopilados anteriormente…

También la máquina podía haber devuelto su imagen o sus movimientos a los niños a través de un espejo o de vídeos. O podía, incluso, haber hablado.

Podíamos haber preparado con los chavales un baile para empezar bien el día u otro, por ejemplo, “para cuando me atasco con las matemáticas”.

Pensamos también en enviar a las aulas de manera previa una serie de materiales para ir despertando el interés y la expectación.

Podíamos haber probado a retirar las pelotas del patio de recreo durante la estancia de la Máquina.

Podíamos haber pedido a algún profesional especialista en psicomotricidad que realizara una observación de ciertas fases del proceso. Y algunas piezas de psicomotricidad podían haber compuesto la propia máquina.

Pensamos también en preguntar a los chavales, una vez retirada la Máquina del patio, sobre cómo había sido su experiencia, sobre sus sugerencias de mejora para cuando volviésemos a hacer algo parecido.

Todas estas ideas y otras más se fueron quedando atrás aunque pensamos que también gracias a ellas, a irlas dejando atrás y a disponer de un tiempo para imaginar sin cortapisas, pudimos finalmente llegar a la propuesta que acabó llevándose a la práctica y llegando al patio de recreo del CEIP Santo Domingo la mañana de un jueves, el 15 de junio de 2017.

Y por eso mismo habíamos pensado que estaría bien plasmar algunas de ellas por escrito, por no perder este tesorillo de ideas peregrinas, por si pudieran inspirar a alguien más…, o incluso a nosotras mismas más adelante.

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