La dinamización previa, un poco más a fondo

Las sesiones de movimiento y estimulación que Lucía llevó a cabo con varias clases del colegio, de manera previa a la llegada de La Máquina de Bailar, produjeron unos interesantes resultados que valdrá la pena rescatar en las siguientes líneas.

El objetivo concreto de estas sesiones era facilitar que los chavales bailaran y se movieran, que disfrutaran haciéndolo, que tuvieran un pequeño contacto con la creatividad a través del movimiento, que adquirieran recursos o herramientas de movimiento y danza para cuando la Máquina de Bailar llegase al colegio, y que ellos mismos se sintieran partícipes del proceso.

Enormes aspiraciones teniendo en cuenta que cada una de las sesiones tenía una duración de 40 minutos, un diminuto contrapunto a toda la experiencia que ya a estas edades acumula cada chaval en relación a sus actividades habituales en el recreo.

Durante los primeros minutos de cada sesión afloraba cierta sensación de vergüenza, y algo de resistencia, pero cada clase supo hacer uso de sus propios recursos para superar esta pequeña dificultad del comienzo: en una estaban acostumbrados a bailar con su profesora, en otra solían hacer un trabajo de concentración con ejercicios a nivel corporal que también ayudó…

Después de trazar varias líneas sobre el suelo de la clase, Lucía proponía diferentes maneras de recorrerlas: rodando, arrastrándose, gateando…

Los alumnos también mostraban mucho interés en aportar otros modos de avanzar, iban recorriendo el circuito y, viéndose unos a otros, pasaban rápidamente de la vergüenza al disfrute de pasárselo bien. Al principio, este ejercicio se hizo en silencio y después, aprovechando todo lo que había salido, se volvía a realizar con música.

Algunas cuestiones interesantes que aparecieron en esta dinámica fueron la necesidad de controlar los impulsos para no hacer daño a los demás ni a sí mismo, y la dificultad de seguir varias pautas a la vez.

A continuación se puso la atención en qué podía pasar cuando dos de los chavales se cruzaban en el circuito y ellos mismos propusieron un divertido saludo gestual que se aplicaron a realizar una y otra vez tal y como recoge el siguiente vídeo.

Para los chavales fue una actividad muy satisfactoria ¡y más teniendo en cuenta que se había realizado en tiempo de clase! Fuera bromas, se hizo evidente la necesidad que tienen los niños y adolescentes de moverse, de jugar, de bailar, y de cómo en la intimidad y confianza de su propia clase lo hacían sin mayor problema. Algo muy diferente a plantear una actividad de baile en un espacio tan expuesto como el patio de recreo, tal y como pudo comprobarse cuando llegó a él La Máquina de Bailar y la vergüenza pareció vencer al deseo de bailar sobre todo entre los más mayores.

Por todo ello, Lucía reflexiona sobre cómo conseguir que un trabajo previo realizado en el aula pueda plasmarse posteriormente en el patio de recreo: tal vez con mayor número de sesiones, realizando la actividad de estímulo el mismo día de manera inmediatamente previa, ocupando el patio fuera del horario del recreo, realizando una sesión guiada en él, consiguiendo en definitiva que la danza sea algo más disponible en la cotidianeidad del colegio…

En definitiva, esta labor de dinamización previa acaba revelándose como un proceso de “enlace” entre agentes, actividades y espacios poco conectados entre sí: el patio con las aulas, los niños con la danza, los niños con La Máquina de Bailar…

Además Lucía insiste en que su labor requiere una atención enfocada individualmente hacia cada persona con la que trabaja, hacia cada chaval con el que interviene. Y junto a los efectos beneficiosos en los propios chavales, esta atención personal impide que el proyecto en su conjunto se despegue de la realidad en que se desenvuelve, lo ancla a las personas concretas a las que va dirigido.

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