Investigación y relatoría

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Si una definición de investigar es construir conocimiento, en La Máquina de Bailar hemos intentado ir elaborando un aprendizaje participativo en el que se fueran trenzando la voz, las observaciones y reflexiones de los propios agentes investigados: profesores y alumnos del colegio por un lado, e integrantes del equipo de trabajo por otro.

¿Qué habrá quedado de todo lo que hemos ido descubriendo y aprendiendo a lo largo de este proceso? Tal vez merezca la pena recordar la pregunta-motor que nos hacíamos al comienzo: ¿qué ocurre cuando un elemento tiene la posibilidad de cambiar o generar la dinámica de una espacio? Investigar, en colectivo, ha sido pues intentar responder a esta pregunta con lo que tenía que ser, a la fuerza, la descripción de una posible transformación. Ha pasado esto, ha ocurrido lo otro, antes esto era de esta manera y ahora ha cambiado a ser de esta otra… Para ello nos hemos servido, por tanto, de algunas de las técnicas más propias del trabajo antropológico y etnográfico: la observación participante y no participante, la entrevista y el grupo focal de discusión.

Producto final (y sincrónico) de esta investigación ha sido el presente relato compuesto de entradas o posts que conforman al mismo tiempo un pequeño libro y un sencillo catálogo. Pequeño libro porque cuentan un relato y sencillo catálogo porque escogen y archivan documentos de manera ordenada.

Y es que documentar y relatar no andan tan lejos entre sí.

Documentar es (hemos tratado de que así sea) dar valor a lo que ha ocurrido, destacando unas acciones sobre otras y decidiendo cómo mostrarlas. Sabiendo, además, del peligro que oscila entre omitir cuestiones significativas, queriendo hacer el relato lo más asequible posible, y caer en la infoxicación del todo es importante y no podemos dejarnos nada en el tintero.

Y relatar es, paradójicamente, hacer preguntas, abrir caminos, tropezar con hallazgos inesperados y poner en ellos una atención reveladora.

Así, combinando enunciaciones e interrogaciones, ha ido tomando forma un relato que nos gustaría abierto y flexible, en este caso con cierto retardo en lo temporal y salido del molde de diferentes soportes como textos, fotografías, infografías y vídeos.

Para acabar, queremos compartir dos sorpresas agradables que nos hemos llevado durante esta labor de investigación y relatoría. Una ha sido constatar que había un nuevo objetivo que estábamos buscando sin haberlo previsto al principio y que fue la visibilización y puesta en valor del trabajo de una serie de profesionales que formaban parte del proyecto como arquitectos, bailarinas, educadoras… La otra ha consistido en comprobar cómo, además de documentar la forma en que la propuesta de La Máquina de Bailar podía transformar de manera positiva las vivencias de las personas a las que iba dirigida, era importante tener en cuenta cómo las experiencias anteriores de las personas que conformaban el equipo de trabajo se volcaban sobre el propio proyecto haciendo de él un fértil terreno común de vivencias y afectos.

En fin, con nuestra labor hemos intentado ayudar a convertir este proceso en algo visible, usable y mejorable, de manera que cualquier persona interesada contase con una mapa-resumen que recogiera, activase y (tal vez) extendiese los debates surgidos en este encuentro entre personas, disciplinas y sensibilidades.

Por cierto, que para el sustento teórico y práctico de la labor de documentación fueron de gran utilidad dos textos disponibles en Internet: “El arte de documentar” de Antonio Lafuente, David Gómez y Juan Freire, y “Cómo documentar un proyecto” de Silvia Nanclares.

Félix A. Rivas (Atelier de Ideas S.Coop)

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