Qué danza para qué comunidad – Félix A. Rivas

Qué danza para qué comunidad

Por Félix A. Rivas.

Durante los años 80 y 90 del siglo pasado, la Transición política e institucional se vio prolongada en lo cultural y social por la conocida ahora como Cultura de la Transición, caracterizada, según el periodista Guillem Martínez, por ser un “paradigma unificador de conciencias políticas y sociales”.

Estas décadas fueron también de profundos cambios para el mundo de las artes escénicas, como la danza. Uno de los más importantes fue el consenso en torno a la obligación que las instituciones tenían de potenciar el acceso del público general a las representaciones escénicas. Otro cambio fue el de la sustitución del ballet como paradigma de la danza escénica “culta” por el nuevo elitismo de una danza contemporánea cuyo lenguaje no resultó mucho más accesible a un público que continuaba relegado a una posición meramente pasiva.

Democratizar la danza facilitando la asistencia a los espectáculos, sin modificar la relación establecida entre cuerpo de baile y público, fue seguramente una contradicción insalvable. O quizás también una muestra más del uso de la cultura para crear consenso ciudadano en torno a una democracia formal garante de una fuerte desigualdad social.

Nunca está de más poner de relieve el papel de las artes escénicas, y de la danza en particular, en la legitimación de determinado uso normativo o convencional de los cuerpos. Conceptos bien fundamentados, como el “buen gusto” de Bourdieu o las “disciplinas” de Foucault, sustentan una visión de la danza como herramienta usada para dotar de prestigio social a determinada norma corporal. Pero ya decía Foucault que “donde hay poder hay resistencia”. Y junto a esta danza elitizadora, la gente no hemos dejado de bailar siguiendo la irreverente tradición del baile popular que hoy aún bulle en las verbenas de los pueblos, en las discotecas de extrarradio, en los bares de salsa, últimamente en el swing callejero…

Así también, a partir de los años 90, la danza profesional comienza a esbozar diferentes propuestas que apuntan a nuevos lenguajes, nuevas personas que bailan, nuevos lugares en los que bailar. Uno de estos nuevos caminos es la Danza Comunitaria que, aunque surge en diferentes contextos temporales y geográficos, tiene uno de sus principales referentes en la Argentina de la crisis de 2001. Una crisis que reverbera, diez años después, en nuestro 15M: un movimiento que construía en el presente aquello que demandaba para el futuro, que anteponía el valor del proceso al del resultado y que funcionaba según los principios de horizontalidad e igualdad.

Otro concepto que ha renacido con fuerza ha sido el de comunidad, como esperanza ante la cara más cruel del Mercado y la renuncia del Estado a su compromiso de procurar el bienestar común. Por eso ha cobrado fuerza renovada la dimensión comunitaria del arte y la danza, entendidos como herramientas de transformación social.

Y por todo ello la danza comunitaria proyecta sobre el presente planteamientos que despiertan ilusión. Elige lugares para bailar que resultan significativos para la propia comunidad. Prefiere conformar grupos facilitando el acceso de personas de cuerpos diversos y de todas las edades, orígenes y estratos sociales. Prioriza lo colectivo frente a lo individual. Trabaja a partir de conceptos como el soporte mutuo, la horizontalidad, la primacía del proceso frente al resultado o la porosidad respecto al entorno. Sus objetivos son, entre otros, transformar la realidad y las personas que la conformamos, crear vínculos interpersonales, mejorar la visión del cuerpo propio y de los ajenos…

La danza comunitaria nos invita, en última instancia, a reflexionar sobre qué sociedad queremos construir a partir de la danza que estamos haciendo o promocionando. Pero también a pensar sobre cómo puede ser una danza que sirva para transformar la sociedad, para colaborar en la construcción de una vida mejor para todas las personas.

Algunas propuestas de danza comunitaria en nuestro entorno están ya testeando interesantes respuestas a estas preguntas. Son por ejemplo el proyecto DACU en Pamplona, la iniciativa Poblats en Dansa en Valencia o el ya veterano programa de danza comunitaria de Trayectos en Zaragoza.

www.sonriequenoespoco.com/tag/dacu

www.lasnaves.com/poblats-en-dansa/

www.danzatrayectos.com/programas-trayectos/proyectos-danza-comunitaria/


Félix A. Rivas es investigador y forma parte de la cooperativa de proyectos sociales Atelier de Ideas. Baila de manera intermitente desde joven. En la actualidad participa en los talleres de danza inclusiva del colectivo Pares Sueltos.


Foto: Ensayos de la muestra Mujer, cuerpo, género y violencia (2016). Proyecto DACU. Fotografía: © Asier Centeno.

Foto: Poblats en dansa, proyecto de Las Naves (Valencia). Desarollado entre noviembre de 2015 y febrero de 2016.

Participantes: 58 personas de entre 3 y 83 años. Coreografía: Yoshua Cienfuegos. © Las Naves. 


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Foto: Ensayos de la muestra Mujer, cuerpo, género y violencia (2016). Proyecto DACU. Fotografía: © Asier Centeno.

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