El recreo visto por algunas profesoras

Una mañana, al finalizar las clases, tres maestras y un maestro nos acogieron en la sala de profesores para hablar sobre cómo veían el patio de recreo. Nos acompañó también Berta, la responsable del proyecto PIEE en el colegio.

La primera reflexión compartida se refirió a las condiciones del patio de recreo como espacio material. Se coincidió en resaltar su reducido tamaño y se señalaron algunos problemas que presenta. Uno es el de la pintura del suelo que, si en invierno hay humedad, puede resultar peligrosa porque favorece los resbalones. Y otro es la ausencia de elementos que atenúen las altas temperaturas cuando hace mucho sol o el frío en invierno.

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Se habló de que el patio era un espacio mucho menos dirigido y normativizado que las aulas aunque cuente con alguna norma propia como la prohibición de utilizar balones de cuero y con alguna actividad dirigida como la de los dos niños encargados de limpiarlo y que van rotando por curso. También lo habitual es que se cuente con la presencia de tres adultos en el recreo, quienes se ocupan de manera informal de atender a los diferentes grupos y espacios que se forman.

En referencia al análisis de las relaciones que suelen establecerse entre los alumnos durante el recreo, las profesoras señalaron varias cuestiones de interés. Una de ellas es que la acusada diferencia de edad conlleva que los pequeños tengan que tener cuidado de no verse dañados por las actividades de los mayores (como jugar con la pelota o correr) y que supone además que las niñas mayores prefieran pasar el rato hablando y busquen lugares de cierta intimidad como los baños sobre todo en invierno. Se señaló también la presencia de discusiones y conflictos, más frecuentes en la segunda mitad de cada recreo y, en algún caso, se señaló el fútbol como la actividad que genera mayor número de problemas de convivencia.

Esta reflexión trajo de la mano el recuerdo de algunas experiencias de intervención que anteriormente se habían llevado a cabo en el propio patio del colegio. Durante una temporada, una monitora de ludoteca venía los miércoles a hacer juegos a uno de los cursos cada vez. También se organizaron partidas de ajedrez en un espacio contiguo. El curso anterior se dispuso de un carro con materiales de juego como cuerdas y aros que se sacaba un día a la semana pero se vió claro que el buen resultado de esta propuesta requería de una atención extra por parte del profesorado. En otros períodos se ponía música con un pequeño equipo y muchas chicas y algunos chicos se juntaban alrededor y bailaban, pero se dejó de hacer porque varias veces seguidas se estropeó el equipo debido al mal uso que le daban los alumnos.

La falta de autonomía del alumnado para gestionarse sus propios juegos al margen del fútbol y el peligro de sobrecargar al profesorado con demasiadas tareas confluyó en un pequeño debate sobre la función que debía de cumplir el patio de recreo. Se habló de que tenía que ser un momento tranquilo de descanso y expansión en el que los chavales jugasen, desconectasen de las clases y disfrutaran de la compañía de sus iguales.

La parte final de la charla fue agrupando una serie de conclusiones generales y de posibles propuestas a tener en cuenta a partir del curso venidero como la posibilidad de bajar al recreo en dos momentos diferentes los alumnos de los cursos inferiores y superiores. En general, había acuerdo sobre que la práctica de juegos diferentes aporta al alumnado nuevas posibilidades de relación y aprendizaje, por lo que un adulto implicado podría incentivarle u ofrecerle materiales y actividades, siempre de todas formas de una manera voluntaria. Otra idea que surgió fue la de acondicionar un espacio para que las niñas mayores pudieran estar hablando tranquilamente sin el ruido del patio aunque, de nuevo, exigiría la inevitable supervisión de un adulto.

Por último y como conclusión se valoró como cuestión fundamental que la principal dificultad de todas las iniciativas que pudieran llevarse a cabo estriba en el seguimiento que requieren en todos los casos.

Response (1)

  1. Martín
    20 agosto, 2017 at 9:15 · Responder

    Y la supervisión por parte de abuelos y abuelas o jubilados que quieran sacar provecho a su tiempo?

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