Coreografías Invisibles – Iguázel Elhombre

Coreografías invisibles Iguázel Elhombre

Me sentaba encima de mi abuelo, doblándome de lado para que él me cogiera con uno de sus brazos mientras el otro me rascaba la espalda. Movimientos rítmicos, arriba y abajo. Meter y sacar las manos de la fuente con las lentejas a remojo. Mi abuela me decía que no lo tenía que hacer, pero dejaba las lentejas donde yo alcanzara a poder hacerlo. En la cocina, sus movimientos de danza tribal. Ruido de ollas y de aceite. Un solo de bocadillo de boquerones. Mi hermana subía por la estantería como si fuera un gato. Siempre era la misma coreografía. Abría un cajón, y otro, y alcanzaba el estante, y de ahí a la balda superior y cogía el chocolate, me lo lanzaba desde arriba y bajaba, de la balda al estante, y de ahí a un cajón y luego al otro y se situaba ya en el suelo. El baile era comernos el chocolate.

A mi abuela se le fue la memoria pero recordaba las canciones. Madrecita María del Carmen, hoy te canto esta bella canción. Con ella te brindo mi cariño, y lo mismo que cuando era un niño, en mis labios pongo el corazón. Una persona puede sujetarse al mundo de diferentes formas. A mi abuela se le olvidó vivir y ocupaba el tiempo haciendo pliegues imaginarios. Siempre el mismo movimiento repetido. Sus manos doblando telas invisibles encima de su falda. Ausente. Yo le daba un beso, le cogía las manos y le cantaba una de sus canciones. Y me miraba sin acordarse de mí, pero sintiendo que estaba en casa. Despertarse, levantarse, ducharse, vestirse, desayunar y cerrar la puerta. La danza cotidiana que sólo se hace visible cuando desaparece.

Cravos, by choreographer Pina Bausch. Author Clau Damaso, Lisbon Portugal. This file is licensed under the CC Attribution 2.0 Generic license.

¿Cómo baila el miedo? A mí me sacude desde la puerta de una casa con un manojo de llaves que no suena. Así imagino la ausencia. Una coreografía invisible es un baile sin escenario, pero no una danza inerte. Lo que no se baila, no existe. Todo cuerpo puede ser baile. Batir un huevo. Laminar ajos para el sofrito. Mueve la sartén para que no se queme. El agua rompe a hervir. Escurrir. Poner la mesa. Lavarse los dientes. Los capítulos de un libro y las historias que te zarandean. Por dentro y por fuera. Las manifestaciones. Los conciertos. El transporte público. Las bandadas de estorninos cuando huelen a lluvia. Las olas. Atarse los cordones. ¿Tú eres pronador o supinador? Tirarse a la piscina. Mojarse la nuca, los codos, la tripa y los pies. Nadar. Mi padre es daltónico y le bailan los colores. Mi dislexia numérica y las matemáticas hacían duetos que me llevaron al suspenso. El mareo y el viaje son otros tipos de baile. Los besos. Las caricias. Hacer el amor. El movimiento de un dedo puede darte placer o exhortarte a salir o a callar. El mismo dedo ama y desarma. Escribir. Dibujar. Las conversaciones. Las despedidas en los arcenes. Nunca se han hecho revoluciones sin movimiento. La democracia se toca, como el cariño y el baile. Quedarse a vivir en el hueco del cuello que queda entre la oreja y el hombro. Quedarse ahí y que se siga moviendo el mundo. Y las manos. Las manos de mi madre. Las manos para todo. El sosiego tiene el baile de sus manos frotándose entre ellas para extenderse la crema. Siempre me obsesionan las manos porque empecé a ser yo en ellas. Me construyeron.

Mi madre me cedía su mano para que yo pudiera dormir de recién nacida. No podía hacerlo sin su mano. Mi hija me pide la mano para poderse dormir. No puede hacerlo si no es acariciándomela. Otra pieza de baile. Ser hija y ser madre. Yo no sabía que podía hacer baile sin moverme. Tocarme la tripa y que me danzara mi adentro. Y las coreografías de una nueva vida que se forma. El baño, la cena, la succión del chupete, el baile del columpio. Cada vez más fuerte, más alto, hasta las nubes. Mira las hormigas cómo se desplazan sin chocarse. El ritmo de las meriendas. Los bailes esparcidos por toda la casa. Los bailes y los juguetes. Colocar a los muñecos en fila. El corro de la patata. Contar un cuento. Una vez y otra. Sentirse segura en las repeticiones. Irse a la cama bailando en tren. La conquista de los espacios sólo con moverte. Danzar en rutas y rutinas. Te peino y te hago un masaje. Bailarte a besos. Ser madre es que el equilibrio de tu cuerpo te cambie. Ahora gira alrededor de otro cuerpo. Pequeño y fuerte. Me mirabas y te danzaban las piernas. Animal contento que se mueve de alegría. Música de versos libres. Contigo todo es baile. Incluso la espera se mueve.

La coreografía invisible ahora está de nuevo en mi vientre. Escribir de danza cuando nada sabes. Tú sólo siente. Cógeme la mano pero no te la lleves. Parir un corazón sin romperte. Que continúe el baile. El baile y esa mano que se acuna acariciándote. No me sueltes.


Iguázel Elhombre 

Soy gestora cultural, publicista, he trabajado en comunicación, he sido columnista, tengo algún libro publicado… pero ahora mismo trabajo como Técnica de participación y gobierno abierto. Cazagamusinos despeinada y amiga de Trayectos.


 

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