Abrazos bailados y tiempo variable – Notas de una observación participante

Patio de recreo del C.E.I.P. Florencio Jardiel en Peñaflor

Martes 20 de noviembre de 2018 a las 9:00 h.  Alumnado de 5º y 6º de Primaria.

Hacemos ejercicios de calentamiento que consisten en trazar círculos con diversas partes de nuestro cuerpo. El suelo está también lleno de círculos amarillos.

Esto es un reto muy difícil. Cuando suene la música bailamos en los círculos pero, cuando no suene la música, caminamos en silencio por el patio. Eso es lo difícil” Los niños y las niñas caminan en silencio cuando la música deja de sonar. Lucía se dirige a mí: “es súper difícil hacer esto, apúntalo, apúntalo”. Los chavales se aplauden entre sí.

Hace un poco de fresco. El sol apenas asoma detrás de las nubes. Recorremos las líneas pintadas en el suelo, buscamos las palabras que las forman y hacemos lo que nos sugieren. Acabamos en la palabra “cuida-te” donde nos damos abrazos bailados. Una niña de mejillas sonrosadas, mientras se va, grita muy alegre “la hora de mates nos la hemos saltado, ¡bien!”.

Tres mujeres me cuentan cosas interesantes sobre nosotros los chicos y los hombres. Lucía: “es importante que puedan tener el referente de un hombre adulto que baila”. Nati: “los chicos tienen una psicomotricidad expansiva y tienden a ocupar mucho espacio”. Marta: “y parece que tienden a cumplir menos las normas que las chicas”.

Martes 20 de noviembre de 2018 a las 10:00 h. Alumnado de 1º y 2º de Primaria.

Entran, por la puerta de la calle, varias señoras mayores y un abuelo. Llegan un poco tarde y contrariadas porque no sabían que íbamos a hacer la actividad al aire libre. El cielo está cada vez más oscuro. Se refugian en el porche de Infantil. A lo mejor se animan a participar de todas formas.

Él se llama Félix y veréis que va tomando notas porque va a hacer un cuento con lo que pase hoy”. Lucía me presenta así a los niños y niñas. Sonrío. Comienza a llover. “¡Queremos jugar!”, dice la chavalería. Las señoras mayores se retiran en silencio. Algún niño cae al suelo y se moja un poco la ropa pero continúa corriendo y bailando.

Llueve menos y, a ratos, para. La actividad acaba con una cadena de abrazos. Se van las personas mayores. “¡Adiós yayos!”, les dicen de despedida las personas pequeñas.

Conchita, la responsable del Centro de Mayores, se ha quedado participando hasta el final. “Los abuelos han estado muy bien, mucho mejor que en casa, aunque se hayan quedado solo a mirar.” Ahora llueve mucho. Vamos a tener que posponer a la semana que viene la actividad con el último grupo de 3º y 4º.

Martes 27 de noviembre de 2018 a las 10:00 h. Alumnado de 3º y 4º de Primaria.

Los chavales se arremolinan en torno a la Máquina de Bailar y miran a través de sus cristales de colores. Una niña me saluda y me dice su nombre. Intento repetirlo pero ella me corrige, varias veces. Mientras estamos en círculo y Lucía presenta la actividad, el niño que está a mi lado coge mi mano, la pone sobre su cabeza y dice que soy su gorra. Lucía nos recomienda que cuidemos nuestro cuerpo, que lo tratemos bien.

Bailamos en los círculos amarillos. Niños y niñas disfrutan atravesando los huecos que forman brazos o piernas. Corremos, saltamos y bailamos por todo el patio. Hace muy buena temperatura. Varios niños piden permiso para ir a beber a la fuente. Muchos de ellos se acercan a las personas adultas que estamos para contactar físicamente con nosotras.

Comienza el recreo y la Máquina de Bailar continúa esparciendo su música. Podría decirse que el baile puede cumplir un importante papel socializador y enculturador para según qué edades y situaciones. Pregunto a Lucía y a Nati quién de todas las niñas del patio serían si ahora tuvieran su edad. Lucía estaría bailando delante de la máquina. Nati estaría cerca pero mirando.

 

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